Factor OZ: Caso 1


Lugar Estados Unidos

Fecha Marzo 1997

Evento Posible abducción (Factor Oz)

Sujeto John Wilkins, hombre, publicista, 33 años

El publicista John Wilkins llevaba ya 3 horas seguidas manejando por la oscura carretera del oeste americano. Lo avanzado de la hora, la simpleza del paisaje y el monótono paso de los postes de iluminación a lo largo del camino lo adormilaban. Ya ni el radio era distracción suficiente para este viajero que sabía le faltaban al menos 30 minutos más de viaje para llegar a su destino, la ciudad de Witchita, donde lo esperaba una importante entrevista de trabajo mañana Lunes.

En eso, una cegadora luz apareció adelante, a no más de 500 metros a la distancia y a una altura aproximada de 15 metros. “Un helicóptero”, pensó automáticamente Wilkins, “¿Pero qué hace un helicóptero sobrevolando la carretera a medianoche?”. No pasó ni un segundo hasta que el intrigado viajero se percatara que el objeto flotante no emitía sonido alguno. Más aún, todo parecía haberse detenido a su alrededor: el radio no captaba ya señal alguna, no se sentía el rozar de las ruedas con la carretera y el panorama no solo se veía extrañamente desolado, sino también parduzco y carente de todo color o señal de vida.

Su reacción inicial fue de pánico. Sin embargo, ni bien la misteriosa luz lo iluminó directamente, una extraña sensación de calma y embriaguez lo abrumó por completo. La extraña monotonía que lo rodeaba se apoderó también de él y todo – la ruta, el auto, el camino, Witchita – dejaron de ser importantes por completo. Solo estaba esa luz, ese potente haz de energía encima de él, iluminándolo…

El ruido de autos transitando a alta velocidad por la carretera lo despertó. Cuando abrió los ojos, John Wilkins no tenía la menor idea de donde se encontraba. Aparentemente se había quedado dormido dentro de su auto, ladeado en alguna carretera que cruzaba un desértico paisaje, nada similar las verdes llanuras comunes en el medio oeste americano. Intentó encender el auto; la batería estaba muerta. Muy confundido, algo mareado y con un terrible dolor de cabeza, el hombre tomó la decisión de pedir un aventón. Para su fortuna no paso mucho tiempo hasta que un gentil camionero paró a auxiliarle.

El camionero – un regordete y amigable hispano – era obviamente alguien muy apegado a la religión de su pueblo, el catolicismo. Estampas de la Virgen de Guadalupe decoraban la cabina de su vehículo y un rosario de madera colgaba del espejo retrovisor. No le fue difícil notar que el pobre gringo que había recogido en la carretera no estaba del todo bien. Se veía pálido, con los ojos algo idos y un semblante que expresaba una mezcla de shock y confusión.

“Vaya, parece que ha tenido usted un muy mal día. ¿Está bien amigo?”

“No, no del todo…la verdad. Gracias”. La voz del hombre sonaba algo ida, como la de alguien que acaba de despertarse. “Solo quiero…solo quiero llegar a Witchita pronto…hacía allá iba ayer Domingo…tengo una importante entrevista de trabajo hoy. Espero… espero aún llegar a tiempo”.

El camionero detuvo el vehículo de improviso. Volteó a mirar a Wilkins con un rostro que era mezcla de confusión y miedo.

“Señor. En 30 minutos estaremos llegando a la ciudad de Las Vegas; estamos a más de 1000 kilómetros de Kansas. Y hoy, hoy es Miércoles señor”.

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